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Un Salmo de lamento comunitario para tiempos de pandemia

Queridos amigos,

Estas han sido semanas extraordinarias para el mundo mientras el coronavirus sigue expandiéndose, trayendo sufrimiento e incertidumbre. Este jueves, Igor Améstegui, nuestro director para América Latina quien vive en Bolivia, nos hace reflexionar en base al salmo 85


¿Qué es lo que caracteriza a tus oraciones en este tiempo de pandemia? ¿Sabes qué pedir cuanto hay tanto dolor y sufrimiento? Yo siento que en ocasiones no sé cómo orar. Y he descubierto que el libro de Salmos, en especial los salmos de lamento, son una excelente ayuda, pues a la vez que expresan el sufrimiento, son un vivido clamor a que Dios mismo intervenga y nos socorra.

El Salmo 85 es conocido como un salmo de lamento comunitario. Esta claramente dividido en tres partes que corresponde al pasado, presente y futuro. De alguna forma, Coré, su autor, nos está diciendo que para enfrentar períodos críticos necesitamos tener una perspectiva amplia que recorra desde nuestro pasado, pasando por el presente y proyectándose hacia el futuro.

Mirando el pasado: gratitud por el perdón y la restauración

1Señor, tú has sido bondadoso con esta tierra tuya

al restaurar a Jacob;

2 perdonaste la iniquidad de tu pueblo

y cubriste todos sus pecados; Selah

3 depusiste por completo tu enojo,

y contuviste el ardor de tu ira.

Los tres primeros versos de este canto se concentran en el carácter bondadoso de nuestro Señor. Ha mostrado su bondad al perdonar la iniquidad de su pueblo, al contener su enojo e ira. Cuan sanador es para nosotros, que en medio de la crisis miremos atrás y reconozcamos la bondad de nuestro Dios, que valoremos su perdón y salvación.

Enfrentando el presente: Lamento y clamor

4 Restáuranos una vez más, Dios y Salvador nuestro; pon fin a tu disgusto con nosotros. 5 ¿Vas a estar enojado con nosotros para siempre? ¿Vas a seguir eternamente airado? 6 ¿No volverás a darnos nueva vida, para que tu pueblo se alegre en ti? 7 Muéstranos, Señor, tu amor inagotable, y concédenos tu salvación.

Esta sección tiene una clara estructura que nos permite comprender su sentido. Los versos 5 y 6 son el lamento en sí que viene en forma de preguntas retóricas. Es muy interesante que, a partir de la experiencia pasada, que mostró en los tres primeros versos, la respuesta a las preguntas sería que Dios no va a estar enojado para siempre, y que sí volverá a dar vida a su pueblo. Y al inicio y final de esta sección está el pedido, el clamor ferviente: Restáuranos una vez más, muéstranos tu amor inagotable, y concédenos tu salvación. Sin lugar a duda nos apropiamos de estas palabras y le pedimos al Señor que nos conceda su salvación de la pandemia y que lo haga sólo basado en su gran amor, no porque lo merezcamos.

Proyectando el futuro: orando “venga tu Reino”

8 Voy a escuchar lo que Dios el Señor dice:

él promete paz a su pueblo y a sus fieles,

siempre y cuando no se vuelvan a la necedad.

9 Muy cercano está para salvar a los que le temen,

para establecer su gloria en nuestra tierra.

10 El amor y la verdad se encontrarán;

se besarán la paz y la justicia.

11 De la tierra brotará la verdad,

y desde el cielo se asomará la justicia.

12 El Señor mismo nos dará bienestar,

y nuestra tierra rendirá su fruto.

13 La justicia será su heraldo

y le preparará el camino.


Qué alentador que esta sección inicia con la promesa del Señor de brindar paz y salvación a su pueblo, al pueblo que le teme. Hagamos nuestra esta promesa.

El salmista pone de manera poética los valores de una sociedad que todos anhelamos. Una sociedad donde reina el amor, la fidelidad, la rectitud y la paz. Hay varios virus que están haciendo tanto o más daño que el mismo coronavirus y lo hacen desde hace mucho tiempo. Son el virus de la corrupción, el virus de la violencia doméstica, el virus del racismo. Con razón el salmista anhela una sociedad caracterizada por estos valores que en realidad son expresión del Reino de Dios en la tierra. Al identificarnos con esta parte del salmo, estamos orando como nos enseñó el Señor Jesús:

Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad.

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